martes, 21 de diciembre de 2010

REDIRECCIONANDO

Asi es no podia haber mejor titulo, y es que este 2010 q ya casi termina ha estado de locos para mi, mira que madurar en seis meses es muy agotador...
Y es por todo ese ajetreo que he estado ausente en todas partes, en el blogg, en los foros, con los amigos, y conmigo misma, pero bueno, por si alguien me extraño aqui vuelvo, y espero esta vez ser mas constante (por que espero hacer menos locuras y ergo no tener tantos problemas), asi que dejendo todos los lios detras y deseando que la estabilidad llegue a mi tarde o temprano, os escribo un poquito de los nuevos proyectos que tengo:
-EN CUANTO AL BLOGG: pues he decidido que sea mi puerta de escape, asi que ira dirigido a las BJD, las escalas, los artes graficas y los libros principalmente, ya que son mis hobbys y pasiones asi como uno que otro desvario (perdon si alguien lo lee y se tiene que tragar mis altibajos emocionales)
-CON RESPECTO A LAS BJD: con mi pequeña tengo muchos pendientes, desde presentarla por todos lados (y pensar q ya casi tiene un año conmigo) como hacerle ropa y tener esperanza de que al fin nos acoplaremos y dejara su caja por fin
En cuanto a mi wishlist, no hay nada que hacer, se me ha escapdo mi dream doll por segunda ocasion y cada dia tengo menos esperanza de tenerlo en mis garritas, y es que los de DOLLSHE o hacen eventos justo cuando no tengo dinero o tiene precios altisimos para muñecos con cuerpos horribles............ademas, me urge comprar un microondas, sillas, colchon y todo eso que se necesita cuando uno se muda
-LOS AMIGOS: ji, esos son los que tengo mas abandonados, y es que cuando ocasionalmente deseo verlos no estan disponibles y el resto del tiempo que no puedo o no habia pensado en verlos llegan, y lo peor por lo general es cuando no estoy en casa (cada vez estoy menos en casa, y cuando estoy, estoy frente al ordenador, un motor o circuitos varios y calculos largos, y bueno, entonces no me gusta que me distraigan) en fin espero ponerme en contacto con las personas que he conocido en estos añitos, y ver si aun tenemos cosas en comun o no, y sobretodo ver a esas cuantas y contadas personitas que tanto extraño y que por algun motivo no he podido ver desde hace mucho
Y PARA TODO LO DEMAS:
Pues si, ya he idomperfilando algo asi como mis propositos de año nuevo en cuanto a todo, y bueno ahi van algunos:
*Mantener la estabilidad ganada en cuanto a mi relacion de pareja y mi propia pseudoestabilidad interior, al fin y al cabo la una ayuda ala otra y viceversa y creo firmemente que con todo lo ocurrido ya es tiempo de que venga la calma dulce y saboreable para descansar de tantas e ininterrumpidas tormentas,
*Conseguir un trabajo de medio tiempo y ahorrar, para mi futuro en la carrera, mi deprto, y si es posible un par de caprichos
*Mejorar en todo lo posible y tratar de equilibrarlo todo (dificil. mucho, imposible quiza)
*Retomar las cosas que me agradan y que por la escuela he ido dejando (al fin un semestre calmo) antes de que la carrera me mate y devore mi tiempo libre
*Prepararme para vivir separada de mi familia, con alguien por decirlo de alguna maner extraño (algo absurdo, por que ambos sabemos hasta cuantos cabellos tiene el otro)
*Y bueno, en pocas palabras estar bien y hacer que valga la pena tanta locura e histeria de este año


miércoles, 30 de diciembre de 2009

Va Borges, despues de mucho tiempo, ji...

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.

Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.

Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.

Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.

El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.

domingo, 20 de diciembre de 2009

BJD, las muñecas que podrian tener alma...


Bueno el tema de las BJD (muñecas articuladas asiaticas) esta muy en boga en internet, y es que ciertamente estas "niñas" son increibles y pareciera que en cualquier momento pudieran comenzar a hablar.
Su origen esta en Japon de la mano de Akhiru Enku quien trabajaba en Volks (que en la actualidad es la mas conocida de las casas de BJD) compo regalo a su esposa, sin embargo estas muñecas de resina cautivaron y en 1999 se comenzaron a comercializar. En parte su exito se debe a su realizmo, pero sobre todo a la posisbilidad existente de darles "vida" mediante la customizacion, es decir tu defines las facciones y por asi decirlo el caracter de tu muñeca, mediante el uso de pasteles y actualmente airbrush, es decir maquillas a tu muñeca atu gusto, le escoges ropa y le das vida!!
Hasta hace poco la aficion por las BJD se limitaba solo a Asia y parte de Europa, siendo en el momento nuestro canal mas cercaqno España, donde esta aficion ya a acaparado muchos seguidores, lamentablemente en Mexico aun no existe este furor, talvez debido al precio y la dificultad de adquirir estas obras de arte en resina...
Por otro lado hay que explicar que es una BJD:
*Estan diseñadas con articulaciones en forma de bola (parecidas a las de las muñecas del siglo XVII)
*Su material es la resina
*Son personalizables
Actualmente existen muchas casas encargadas de la creacion de estas muñecas entre ellas estan:
*SOOM
*Volks
*Luts
*DOD
*Dollzone
*Iplehouse
*Bobobie
*Fairyland

Visiten los links, miren las imagenes y comenten de lo que les parecio cada uno, ciao!!

lunes, 2 de noviembre de 2009

Saki, Borges, Bradbury y Cortazar

Voy a escribir estas cuatro (o mas) entradas dedicadas a mis cuatro autores predilectos, amos de la novela y el humor negro, empezare con el maravillosos H.H. Munro:
Hector Hugh Munro (1870-1916) escritor que revolucionaria la prosa y verso en ingles, que si bien comenzo su trayectoria como periodista poco a poco fue derivando en magnificos relatos crudos e hilarantes que aun hacen las delicias de gente dispuesta a ver la belleza de unas letras crueles...

  • SAKI (H.H. Munro) del libro "Cuentos Indiscretos"

    EL NARRADOR DE CUENTOS

    Era una tarde calurosa y el coche del tren estaba sofocante como correspondía; la próxima parada era Templecombe, a una hora de viaje. Los ocupantes del compartimiento eran una niña pequeña, una más pequeña y un niño pequeño. Una tía de los niños ocupaba el asiento de una esquina, y en el rincón más alejado del otro lado, iba un señor solo que era extraño al grupo, pero las niñas pequeña y el niño se habían adueñado del compartimiento. Tanto la tía como los niños practicaban la conversación de un modo limitado y persistente, que recordaba las atenciones de una mosca casera cuando se niega a desanimarse. La mayoría de las frases de la tía parecían comenzar por “no habas” y casi todo lo que decían los niños empezaba con un “¿por qué?”. El hombre solo no decía nada en voz alta.

    - No, Cyril, no – exclamó la tía, cuando el pequeño comenzó a golpear los cojines del asiento produciendo una nube del polvo a cada golpe.

    - Ven y mira por la ventana – agregó. El niño se acercó de mala gana a la ventana.

    - ¿Por qué están sacando esas ovejas del potrero? – preguntó.

    - Me parece que las están llevando a otro potrero donde hay más pasto. – dijo débilmente la tía.

    - Pero si hay montones de pasto en ese potrero – protestó el niño -, no hay sino pasto. Tía, hay montones de pasto.

    - Tal vez el pasto del otro potrero es mejor – sugirió la tía a la loca.

    - ¿Por qué es mejor? – fue la pregunta inmediata e inevitable.

    - ¡Mira esas vacas! – exclamó la tía. En casi todos los potreros a lo largo de la vía férrea había vacas y novillos, pero la tía hablaba como si hubiera descubierto una rareza.

    - ¿Por qué es mejor el pasto de otro potrero? – insistía Cyril.

    El hombre solo comenzó a fruncir el ceño. Era un hombre duro y desconsiderado, decidió la tía en su interior. Ella era completamente incapaz de llegar a ninguna conclusión satisfactoria sobre el pasto del otro potrero.

    La niña más chiquita creó una variante cuando comenzó a recitar “por el camino de Mandalay”. No sé sabía sino el primer renglón, pero hacía el máximo uso posible de sus limitados conocimientos. Repetía el renglón una y otra vez en una voz ensoñadora pero resuelta y muy audible; al hombre le parecía como si alguien le hubiera apostado a que no era capaz de decir el renglón en voz alta dos mil veces sin parar. Cualquiera que fuera quien la había apostado parecía estar perdiendo.

    - Vengan acá y les cuento un cuento – dijo la tía, cuando el señor la miró a ella dos veces y luego miró la cuerda de la alarma.

    Los niños se acercaron a la tía sin ningún interés. Era evidente que, con ellos no gozaba de gran fama como contadora de cuentos. En voz baja y confidencial, interrumpida a intervalos frecuentes por las preguntas petulantes hechas en voz alta por sus oyentes, empezó a contar una poco animada historia, deplorablemente insulsa, sobre una niñita que era buena, y se hacía amiga de todo el mundo por lo buena que era, y al final la gente la salvaba de un toro bravo por que admiraban su carácter moral.

    - ¿No la hubieran salvado si no hubiera sido buena? – preguntó la más grande de las niñitas. Era exactamente la pregunta que hubiera querido hacer el hombre.

    - Bueno, si – admitió la tía de manera insegura -, pero no creo que hubieran corrido tan rápidamente a ayudarle si no la hubieran querido tanto.

    - Es el cuento más estúpido que he oído – dijo la mayor de las niñitas con inmensa convicción.

    - No atendí después de la primera parte, era tan estúpido – dijo Cyril.

    La niña más pequeña no hizo ningún comentario sobre el cuento, pero hacía rato que había vuelto a repetir en voz baja su renglón favorito.

    - No parece usted un éxito como contadora de cuentos – dijo de pronto el hombre desde su rincón.

    La tía saltó inmediatamente a defenderse del ataque inesperado.

    - Es un asunto muy complicado contar cuentos que los niños puedan entender y apreciar al mismo tiempo – dijo secamente.

    - No estoy de acuerdo con usted – dijo el señor.

    - Tal vez le gustaría contarles un cuento – fue la réplica de la tía.

    - Cuéntenos un cuento – le pidió la mayor de las niñas.

    - Había una vez – empezó el señor -, una niñita llamada Bertha, que era extraordinariamente buena.

    El interés de los niños, despierto durante unos instantes empezó a decaer al momento; todos los cuentos se parecían horriblemente, sin importar quien los contara.

    - Hacía todo lo que le decían, siempre decía la verdad, mantenía su ropa limpia, se comía las galletas como si fueran torta de bodas, se aprendía las lecciones a la perfección, y era de muy buenos modales.

    - ¿Era bonita? – preguntó la mayor de las niñas.

    - No tan bonita como ustedes – dijo el señor -, pero espantosamente buena.

    Hubo una ondulante reacción a favor del cuento, la palabra espantoso en conexión con la bondad era una novedad que se ensalzaba a sí misma.

    Parecía introducir un tono de verdad que estaba ausente de los cuentos de la tía sobre la vida infantil.

    - Era tan buena – continuó el señor -, que se ganó varias medallas de bondad, que siempre llevaba pegadas al vestido con alfileres. Tenía una medalla de obediencia, otra de puntualidad, y una tercera de buena conducta. Eran grandes medallas de metal y tintineaban una contra otra cuando ella caminaba. Ningún otro niño en la ciudad donde vivía tenía tantas medallas, de modo que todo el mundo sabía que ella debía ser una niña superbuena.

    - Espantosamente buena – repitió Cyril.

    - Todo el mundo hablaba de su bondad, y el príncipe del país llegó a saber de ella, y dijo que como era tan buena tenía permiso para ir una vez a la semana a pasear por el parque real, que quedaba en las afueras de la ciudad. Era un bello parque y a ningún niño se le permitía entrar, de modo que era un gran honor para Bertha que la dejaran visitarlo.

    - ¿Había ovejas en el parque? – preguntó Cyril.

    - No - dijo el señor -, no había ovejas.

    - ¿Por qué no había ovejas? – fue la pregunta siguiente a es respuesta.

    La tía se permitió una sonrisa, que hubiera podido describirse como una mueca de burla.

    - No había ovejas en el parque – dijo el señor -, porque la madre del príncipe había soñado que a su hijo lo mataría o una oveja o un reloj le cayera encima. Por esa razón el príncipe nunca tuvo ni ovejas en el parque ni relojes en su palacio.

    - ¿Al príncipe lo mató una oveja o un reloj? – preguntó Cyril.

    - Sigue vivo, de modo que no sabemos si el sueño se cumplirá – dijo el señor con tono despreocupado-, de todas maneras, no había ovejas en el parque pero sí montones de cerditos corriendo por todas partes.

    - ¿De qué color eran?

    - Negros con las caras blancas, blancos con manchas negras, negros del todo, grises con parches blancos, y algunos completamente blancos.

    El narrador hizo una pausa para dejar que la idea completa del parque y sus tesoros entrara en la imaginación de los niños; luego continuó:

    - Bertha se puso bastante triste por no encontrar flores en el parque. Les había prometido a sus tías, con lágrimas en los ojos, que no cortaría ni una sola de las flores del bondadoso príncipe, y pensaba cumplir su promesa, de modo que, por supuesto, no encontrar flores que cortar la hacía sentirse tonta.

    - ¿Por qué no había flores?

    - Porque los cerdos se las habían comido todas – dijo el señor con prontitud -. Los jardineros le habían dicho al príncipe que no podía tener flores y cerdos juntos, así que decidió tener cerdos y no flores.

    Hubo un murmullo de aprobación ante la excelente decisión del príncipe, mucha gente hubiera decidido lo contrario.

    - El parque tenía muchas otras cosas deliciosas. Había estanques con peces dorados, azules y verdes, y árboles con loros preciosos que decían cosas inteligentes apenas se les hablaba, y pájaros cantores que se sabían todas las tonadas populares de moda. Bertha se paseaba de un lado a otro y gozaba inmensamente y pensaba: “Si yo no fuera tan extraordinariamente buena, no me hubieran dejado venir a este bello parque y gozar de todo lo que hay en él” y sus tres medallas tintineaban y le ayudaban a recordar lo maravillosamente buena que era. Justo en ese momento, un enorme lobo entró a merodear en el parque a ver si podía agarrar un cerdito gordo para comérselo en la cena.

    - ¿De qué color era? – preguntaron los niños, mientras su interés aumentaba por momentos.

    - De color barro por completo, con la lengua negra y unos ojos grises claros que brillaban con ferocidad indecible. Lo primero que vio en el parque fue a Bertha; su delantal estaba tan inmaculadamente blanco y limpio que se podía notar a gran distancia. Bertha vio que el lobo se dirigía hacia ella, y empezó a desear que nunca la hubieran dejado entrar al parque. Corrió lo más rápido que pudo, y el lobo se le vino detrás a grandes saltos. Logró llegar a un macizo de arbustos de mirto y se escondió en la parte más espesa. El lobo olfateaba entre las ramas, con la negra lengua afuera del hocico y los ojos grises claros brillantes de rabia. Bertha estaba espantosamente aterrada, y decía para sí misma: “si no hubiera sido tan extraordinariamente buena ahora estaría a salvo en el pueblo”. Sin embargo, el aroma del mirto era tan fuerte que el lobo no podía olfatear a Bertha en su escondite, y los arbustos eran tan espesos que hubiera podido buscar mucho tiempo sin encontrarla, de modo que pensó que sería mejor irse a cazar más bien un cerdito. Bertha temblaba fuertemente con el susto de tener al lobo olfateando tan cerca, y al temblar, la medalla de obediencia golpeaba contra las de buena conducta y puntualidad. El lobo ya se marchaba cuando oyó el ruido de las medallas que tintineaban y se detuvo a escuchar; sonaron otra vez en un arbusto muy cercano. Se lanzó entre los arbustos, con un resplandor de ferocidad y de triunfo en los ojos grises claros, y arrastró a Bertha y la devoró hasta el último trocito. Todo lo que quedó de ella fueron los zapatos, pedazos de ropa, y las tres medallas ganadas por su bondad.

    - ¿Alguno de los cerditos murió?

    - No, todos se salvaron.

    - El cuento empezó mal – dijo la menor de las niñas -, pero tiene un final muy bonito.

    - Es el cuento más bonito que he oído en mi vida – dijo la mayor de las niñas, con inmensa decisión.

    - Es el único cuento bonito que yo he oído en mi vida – dijo Cyril.

    - ¡Es un cuento muy poco apropiado para niños pequeños! Usted ha socavado los efectos de años de enseñanza cuidadosa.

    - De cualquier modo – dijo el señor, recogiendo sus pertenencias para bajarse del vagón – los tuve quietos diez minutos, que fue más de lo que usted pudo hacer.

    “¡Infeliz mujer! – observó para sí mismo mientras recorría el andén de la estación de Templecombe -; durante los próximos seis meses o algo así, esos niñitos la acosarían en público para que les cuente un cuento poco apropiado.”

  • Mi ultimo ruego

    Debo mirar hacia otro sitio, aunque no alla ahi nada que valga la pena contemplar
    tengo que liberar mis memorias de tu aroma, no es que desee olvidarte...
    simplemente anhelo que tu me olvides, para que con el tiempo seamos la realidad de un sueño
    que forjamos juntos tiempo atras, dejame reparar mis alas rotas para volver a abrazarte
    junta entre tus barazos plumas y fabrica tus propias alas para volar
    olvidate de que uno debe ser el amo, seamos libres para regresar
    deja que tu ala conozca otros campos que solo has visto en sueños
    para que cuando nos hayamos de reencontrar estes solo conmigo
    y no exista nada mas que desear